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Integrando a la Juventud a través de las Industrias Culturales en Asunción
 
    
Foto: FIDC
9 junio 2015/ FIDC

En 2014, el centro de investigación en ciencias sociales Cultura y Participación para el Cambio Social (CyP) lanzó su proyecto Desde el Barrio en Asunción, Paraguay, con financiación del Fondo Internacional para la Diversidad Cultural (FIDC). El proyecto fue concebido para promover la participación de los jóvenes en las industrias culturales y darles acceso a las artes a los miembros de barrios marginados, revitalizando las comunidades en que se presentan.

A continuación, la versión editada de una entrevista con Romilio González, director de proyectos del CyP, y Juan Gabriel Castillo, un joven participante de Desde el Barrio.

Romilio, ¿podría contarnos un poco acerca del proyecto?

Romilio: Claro. Todo comenzó con un ejercicio de mapeo. Primero, seleccionamos cinco barrios localizados en la periferia de Asunción: Lambaré, San Jorge, San Jerónimo, Bañado Sur y Banco San Miguel - Bañado norte. Luego, realizamos el mapeo para averiguar qué grupos culturales estaban actuando en esas áreas y cuáles eran los perfiles artísticos que estos grupos estaban fortaleciendo.

¿Qué hallazgos particulares encontraron con este ejercicio de mapeo?

R: Aprendimos que según el barrio, los jóvenes tenían diferentes intereses creativos y potenciales artísticos únicos. Por ejemplo, en Banco San Miguel - Bañado Norte y San Jerónimo, era el teatro. En Lambaré y San Jorge, la mayoría de jóvenes estaban interesados en la música. En Bañado Sur, a su vez, todo giraba en torno a la comunicación. En este sentido, este ejercicio de mapeo fue absolutamente clave para el éxito del proyecto, porque nos dio claridad y nos permitió ser eficientes.

¿Cómo se beneficiaron estos grupos del proyecto?

R: Durante seis meses, realizamos talleres de capacitación con las cinco organizaciones, para desarrollar las capacidades de 100 hombres y mujeres jóvenes. Una vez más, fuimos muy precisos y el contenido de estos talleres variaba en función de los resultados del mapeo. Por lo tanto, algunas organizaciones aprendieron sobre música y percusión, otras reforzaron sus habilidades para el teatro y coreografía, mientras que otras concentraron sus esfuerzos en fotografía y grabación de videos.

Entendemos que cinco productos culturales surgieron de estos talleres. ¿Alguno de estos productos generó ingresos?

R: Nosotros utilizamos el término "productos culturales" en diferentes sentidos. El mismo, puede referirse a un concierto de música para las organizaciones asociadas con música. Puede ser una obra de teatro para aquellos involucrados con el teatro. O puede ser un documental de una organización que trabaja con comunicación y producción audiovisual. Y sí, estos productos generaron ingresos. Por ejemplo, desde que se unió a nuestro proyecto la Banda Koygua (una de las cinco organizaciones culturales creadas a través del proyecto), ha sido contratada para presentarse en Mercado 4, un gran mercado público del barrio de San Jorge.

Gabriel, usted participa en la Yvy Ta’ãnga (una de las cinco organizaciones culturales creadas por medio del proyecto). Cuéntenos sobre su experiencia. ¿Aprendió algo nuevo con el proyecto? ¿De qué manera cree que esto marcará una diferencia en su futuro?

G: Nosotros hacemos teatro comunitario, mostramos nuestra realidad. No hacemos obras como Caperucita Roja, no, porque eso no refleja la realidad de mi pueblo. Aprendí muchas cosas con este proyecto, inclusive cómo ser más profesional. Ahora, gracias al teatro, estoy estudiando música, instrumentos y coro en el Conservatorio y comunicación para el desarrollo en la Facultad Nacional del Pilar.

Romilio, como Gabriel acaba de mencionar, él aprendió a ser más profesional gracias a este proyecto. Podría explicarnos ¿cómo sucedió esto?

R: Claro. Cuando comenzamos a trabajar con estas organizaciones, por ejemplo, ellos no tenían una identidad visual asociada a su trabajo. Entonces les enseñamos las competencias necesarias para elaborar sus logos, los cuales -profesionalmente hablando- se convirtieron en sus marcas. Además de las cinco marcas distintivas, también se hizo necesario que aprendieran acerca de la importancia de la propiedad intelectual. En este sentido, les enseñamos a las cinco organizaciones cómo registrar sus marcas ante la Oficina de la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual (DINAPI) y el Ministerio de Industria y Comercio (MIC). Este es un claro ejemplo de cómo estas organizaciones aprendieron a trabajar a un nivel más profesional en el marco de las industrias culturales.

Romilio, ¿qué cree que se debe hacer para que la cultura pueda ser vista cada vez más como un factor de desarrollo?

R: Creo que las instituciones públicas y el sector privado deben invertir más en las artes y en la cultura a nivel comunitario, porque la cultura contribuye al desarrollo sostenible. Insistimos en la capacitación como base principal para la sostenibilidad de este proyecto a largo plazo. Si las instituciones públicas y privadas proporcionan a los jóvenes acceso a capacitación o educación, eso beneficiará los productos culturales de las comunidades, lo que les permitirá valorizar la cultura y verla como una alternativa para el futuro.

¿Y su proyecto fue capaz de lograr resultados significativos en ese aspecto?

R: Sí. En lo que se refiere a las instituciones públicas, firmamos un acuerdo con la Universidad Nacional de Asunción. La intención continuar capacitando a los jóvenes, para que puedan tener la oportunidad de entrar más fácilmente a las universidades. En cuanto al sector privado, pudimos establecer alianzas con centros culturales. Consecuentemente, ahora existe una red de centros culturales que han puesto a disposición sus espacios para las actividades de esos grupos, como el Centro Cultural del Banco Central del Paraguay y el Centro Juan de Salazar.

¿Cuál ha sido el papel de la UNESCO en el éxito de este proyecto?

La UNESCO ha sido fundamental en muchos aspectos. El primero, es la oportunidad que la UNESCO nos dio para comenzar el proyecto. La UNESCO nos permitió pensar en vincular esas iniciativas culturales y sociales a la cultura, así como a la sostenibilidad y al desarrollo de los grupos. En ese sentido, la UNESCO es un factor determinante. Ahora tenemos una política rectora más concreta para promover la participación de jóvenes de zonas urbanas en asuntos culturales y productivos. El FIDC nos permitió acelerar la puesta en marcha de nuestras propuestas y desarrollar capacidades en esos grupos culturales en menos de un año.

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